Construir deconstruyendo

Texto: Alex Fernández del Castillo

En términos tradicionales, la arquitectura suele asociarse con estructuras edificadas para cumplir una función determinada, construcciones que toman un sentido de existir al ser ocupadas para llevar a cabo dentro de ellas determinadas actividades. En esencia, abstrayendo sus nociones más elementales, estamos hablando de la creación o delimitación de espacios. Se toman elementos físicos y se sitúan en ambientes desocupados, vacíos, organizándolos para llevar a cabo una acción confinadora, divisoria, y contener así un espacio dentro de ellos, atrapando algo de aire, de vacío, dentro un lugar cerrado dotado de ciertas particularidades funcionales para poder ser habitado.

Existen sin embargo, otras maneras de construir, una de ellas -irónicamente- se realiza a través de la deconstrucción.

El trabajo de Gordon Matta-Clark (1943-1978) -arquitecto titulado aunque nunca ejerció su profesión a la manera “tradicional”- se mueve dentro de esta acción deconstructivista. “Nadie podía construir edificios tan bien como Gordon los deconstruía”₁, comentaban algunos de sus contemporáneos.


Hijo del artista chileno Roberto Matta y ahijado de Marcel Duchamp, este “anarquitecto” como el mismo se denominaba, estudió además literatura francesa en La Sorbonne en París, donde conoció a filósofos deconstructivistas como Guy Debord, lo que le dio una gran fuerza a su discurso creativo. Influido parcialmente por la crisis económica del ’68, dedicó una parte importante de su muy diverso arsenal de creaciones artísticas, a la crítica abierta al régimen capitalista expresado en una de sus formas más comunes: la propiedad privada, particularmente a su materialización en construcciones arquitectónicas.

Esta “hermenéutica Marxista” -término del propio Matta-Clark- trataba pues de intervenir construcciones existentes a través de cortes, sustracciones, demoliciones parciales, dando así una nueva cara a la estructura que sirve para contener un espacio, y por ende también al espacio mismo. Matta-Clark no solía ver su trabajo como un acto destructivo, prefería pensarlo como la liberación de nuevos espacios, permitiendo a elementos como el sol y la lluvia, fluir libremente como nunca antes se les había permitido.₂


Sus cortes cónicos y oblicuos sobre las estructuras son sin duda espectaculares y brutalmente estéticos, pero el efecto más dramático se refleja en las cualidades abstractas del espacio y se percibe a través de elementos intangibles como la luz, el sentido de apertura o la alteración de la escala.